La naturaleza, en su estado más puro, no entiende de techos ni muros. Sin embargo, a veces el destino, por causas naturales o artificiales, pone pausa la vida silvestre. Es en ese instante cuando el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas Marismas del Odiel abre sus puertas para convertirse en un puente hacia la libertad.

Son animales silvestres, criaturas de aire y monte que no tienen cabida entre cuatro paredes. Por causas a veces naturales, y a veces dolorosamente artificiales, sus caminos se tuercen. Ahí comienza la labor del Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA) Marismas del Odiel.

El ingreso inicia con el registro, se anotan los datos, se examina el estado del paciente y se diagnostica la causa de su llegada. Tras el diagnóstico, empieza el camino hacia la sanación. Los casos más críticos pasan directamente a la UCI, un espacio aclimatado para estabilizar sus constantes vitales. Los que progresan mejor y poseriormente necesitan ejercitarse, se trasladan a las mudas y recintos exteriores.

Durante nuestra visita al centro conocimos de cerca a Waidhofen, un lince ibérico de dos años que ingresó al centro debilitado por una parvovirosis. Tras meses de cuidados constantes, se encuentra prácticamente recuperado. aunque no es muy amigo de las cámaras.

Sanar la fauna es, en el fondo, sanar nuestra propia capacidad de admirarla en libertad. El verdadero triunfo del ‘CREA Marismas del Odiel’ está en dejar ir; en ese momento en que se le devuelve a la naturaleza, lo que siempre fue suyo.









