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Agosto roza sus últimos días y las maletas están preparadas. Es tiempo de recoger la ropa, los regalos y los recuerdos de unas vacaciones felices. Jalifa y Mohamed regresan a su casa, un lugar donde las Jaimas del desierto de Tiduf cambiaran de forma drástica su calidad de vida.

Hoy viven su amarga despedida. Y como ellos, más de 120 niños dicen adiós a sus familias de acogidas. Todas ellas procedentes del programa Vacaciones en paz, una iniciativa que nace con el objetivo de hacer pasar a estos niños, unas vacaciones felices alejadas del campo de refugiados en el que viven.

Para ellos supone alejarse de un territorio que en verano alcanza los 50 grados. Aquí, Viven el descanso y la alegría de descubrir el mundo, mientras reciben el cuidado y el cariño de unas familias que cada año los reciben con los brazos abiertos.

Este año para la familia de Mercedes la despedida es mucho más dura. Jalifa cumple 14 años y no podrá volver. Es la edad límite para disfrutar de las vacaciones en Paz. Hoy, la familia que la ha acogido durante cinco veranos, aprovecha las últimas horas junto a ella.

La presencia de estos niños llena de vida el verano de toda la familia. Convivir con su cariño y compartir vivencias únicas tantos hacen, hacen considerar a los niños de acogida uno más de la familia.

Los hermanos Mohamed y Jalifa se marchan dejando una huella muy difícil de borrar en el corazón de la familia Dieguez. Sus maletas van cargadas de amor y momentos únicos, de una vida llena de comodidades que para ellos supone todo un descubrimiento. Ahora tendrán que volver a la triste realidad del desierto del pueblo saharaui, un pueblo que permanece en el destierro de todos los organismos internacionales.

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