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La familia Díaz Pérez cuenta ya con el sí definitivo. Lo que a Sandra, hermana de José Díaz, le parecía hace tan solo unas semanas luchar contra un gigante -con tan solo algunas firmas a su favor y muchos argumentos sobre el porqué debía cumplirse el deseo de su hermano-, se ha convertido en una afirmación rotunda.

El informe para proporcionar la prestación de la ayuda a morir a su hermano José Díaz, de 33 años, ya es definitivamente favorable. El siguiente paso será asistir al médico de cabecera para conocer la fecha exacta en la que «se llevará a cabo la voluntad de José».

Contenta aunque con el corazón partido son algunas de las sensaciones que experimenta ahora Sandra. «Es la primera vez que veo a mi hermano sonreír con tanta euforia desde que se puso malo», afirma. Aunque llena de dolor, se siente satisfecha. Su lucha, en la que ha invertido tres años, no ha caído en saco roto. «Ojalá hubiera sido de otra manera, para eso había una ley que amparaba a mi hermano», matiza.

Los medios de comunicación han sido un agente crucial en esta historia que pronto llega a su final. Han arropado a la familia Pérez y sin el salto hasta ellos «no lo hubiéramos conseguido». «Estoy triste por la sociedad, por las trabas impuestas y con dolor porque voy a perder a mi hermano aunque ese dolor, evidentemente, lo hubiera tenido de cualquiera de las formas».

Aunque José Díaz lleva años sin poder hablar, las palabras sobraron para convencer a su hermana sobre el porqué debía de luchar por lo que él no podía. Una vez que José había tomado la decisión sobre el rumbo de su vida, ella juró no fallarle. «Mi hermano se intentó autolesionar y yo le hice una promesa que he logrado cumplir. Después de mi hermano seguiré luchando porque ninguna familia pase por lo que hemos pasado nosotros», narra.

La historia de la familia onubense ha sacado a flote algunas de las carencias que la legislación en torno a la eutanasia tiene, abriendo un debate que parece por el momento imposible de cerrar. «Ha merecido la pena pelear. Ojalá hubiera sido más sencillo porque hemos tenido que pasar mucho para llegar a este desenlace, pero al fin lo hemos logrado».

Tras un amargo camino, Sandra y su madre tienen claro que cada obstáculo derribado no ha sido en balde: «Quiero que seamos un ejemplo para los andaluces y pienso luchar incluso cuando mi hermano no esté porque la ley cambie para mejor».

Manuela Pérez, alumna del Colegio Molière, representará a los niños y niñas onubenses

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